Toda sociedad primigenia tiene por tarea fundamental definir el grupo de pertenencia y quienes son los otros.
La sociedad segmentaría estable el grupo del nosotros y con ello quienes son familiares. Los otros -el otro lado de la distinción- son los extraños. En lo familiar reside las valoraciones, normas, y moral común. En el grupo de pertenencia se puede confiar, puesto hacer algo bien es actuar de acuerdo a las normas; familiaridad y confianza son sinónimos. Lo que está fuera del grupo es lo desconocido, quienes tienen otros axiomas comunes los cuales no son compartidos. Los otros son el peligro. En cualquier momento cualquiera de sus actos representa una amenaza, es diferencia no introducible por parte del grupo de pertenencia. Ahora, con el devenir y los posibles cambios dentro de lo familiar, se reintroduce la identificación del peligro dentro del grupo, pasando a ser peligro conocido.
Frente al apocalipsis zombie los grupos de pertenencia se deben redefinir. El principal criterio de pertenencia en la sociedad moderna, el trabajo, se pierde. No tendría ningún sentido continuar la sobrevivencia de la especie en base a la demanda y oferta de la plusvalia. El grupo de pertenencia se define en primera instancia aproblematicamente, los previamente conocidos quienes ya son merecedores de confianza.O tal vez quienes accidentalmente se vieron dispuestos a cooperar.
La segunda etapa de distinción se basa en la escasa complejidad, puesto que debido a la repentina disminución demógrafica, la caída de los medios de comunicación, y el éxodo de las ciudades, se vuelve posible que todas las relaciones sociales se puedan actualizar en su totalidad al mismo tiempo. Es por esto que todo quien hallase sobrevivido forma parte del grupo de pertenencia; los sobrevivientes. Por primera vez, coincide todo de lo que no se habla y se mantiene en un nivel anterior como común con los intereses personales. Los participantes pueden reconocer en el grupo pretensiones de validez no susceptibles a critica que conforman un trasfondo común; el mundo de la vida. Al mismo tiempo que el interés de todos es el mismo; sobrevivir. Paradojicamente, para sobrevivir la selección de mayor beneficio es la cooperación. Pero, en otras situaciones el interés personal puede no alinearse con las circunstancias fácticas, haciendo imposible la cooperación. Primando la sobrevivencia individual sobre la del grupo.
Es así como el interés personal introduce la otra cara de la distinción, a la hora distinguir quiénes pertenecen y quienes no pertenecen al grupo. Debido a que no hay una normativa, valorativa, ni moral común en la sociedad funcionalmente diferenciada es imposible basarse en estos criterios para establecer la inclusión. Las estrategias no reveladas por parte de algunos, que asegurarán mantener su homeóstasis, pueden destruir la autopoiesis de la unidad celular (humano) y con ello acabando con la de la unidad de tercer orden o pluricelular (el grupo de los sobrevivientes). La preservación del ámbito de dominio de una unidad se vuelve esencial para la mantención del ámbito de dominio de la unidad de tercer orden. Es el mismo interés personal que mantenía al grupo unido, al no ser explicitado -tácticas como el engaño, la malversación, la traición, etc.- puede causar la destrucción del grupo. Se introduce dentro del grupo la sospecha y la desconfianza. El peligro conocido adquiere una nueva forma. Al mantener expectativas inciertas sobre algunos se calcula literalmente la probabilidad del éxito de la relación. Los intereses no revelados introducen una nueva diferencia dentro del grupo de pertenencia; el riesgo.
El riesgo como nueva diferencia dentro de los sobrevivientes trae una consecuencia ulterior. Quienes pertenecen al grupo, por el hecho de no compartir valores, normas, ni moral común, se mantienen como unidad de tercer orden en tanto son sobrevivientes (lo que anteriormente se denominó como la segunda distinción). Ya no basta la familiaridad para determinar lo correcto y con ello depositar la confianza. La confianza adquiere un precio altísimo puesto si es decepcionada se acaba con la unidad básica y con ello con la unidad de tercer orden. Cualquier estrategía no explicitada adquiere el carácter terminal de un virus fulminante para la mantención de la autopoiesis en todo los niveles. El cálculo del riesgo es esencial para que una vez ya establecidas la primera y segunda distinción de pertenencia al grupo, el grupo mismo pueda mantenerse. En términos comunes, los sobrevivientes se ven enfrentados a tomar decisiones de vida o muerta que afectarán a todos ¿A quién aislar? ¿Frente a qué acto se debe de expulsar o matar a otro sobreviviente en pos del bien común?
Ahora, el cálculo del riesgo es en extremo complejo. No obedece a indicadores claros puesto se basa en estrategías a las cuales no se puede acceder, puesto como se ha explicado están ocultas y no son interpretables con seguridad por nadie más que por quien las planea a hurtadillas. Entonces ¿Qué puede detonar que se estime sobre alguien en particular un riesgo tan alto que no vale la pena correr? ¿Una actitud? ¿Un comportamiento? ¿Incoherencia entre el actuar y el decir? ¿Atisbos de ilegitimidad de las intenciones? ¿Una mirada? Es imposible determinar con certeza si quien se ha determinado como riesgoso en extremo lo es en verdad. No es una medida cuantificable, ni determinable en base a algún tipo de indicador certero. Sino que es un umbral que se cruza, en base a indicadores reducidos de la inmensa complejidad externa, que tienen por efecto certeza interna. La comunicación en términos de comportamiento concerniente a quien es determinado como riesgoso es externa a los sobrevivientes individualmente y como grupo, por lo tanto en su interior psíquico -en el caso individual- o de ámbito -como unidad de tercer orden- se ha hecho una traducción/interpretación valida acerca de quien es evaluado. Con esto no se asegura la toma de una decisión correcta, sino que solo se trae calma interna para los niveles de la unidad básica y de la unidad de tercer orden. Las personas sobrevivientes, y el grupo de sobrevivientes pueden tener tranquilidad, puesto se han librado de quien les podría de haber destruido eventualmente, y en su análisis se ha tomado una decisión que a lo menos se ha calculado, y es en tal incomprobable cálculo que como procedimiento complejo se apoya la nueva tranquilidad lograda.
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